17 Ene

Beardo, la incógnita despejada.

Creo sin atisbo de duda que algunos de nuestros lectores se sumarán a la idea que empieza a revolotear por los nidos alrededor del Partido Popular local, de que la reaparición de la actividad en esta página tiene como único motivo perverso la inquina de atacar al candidato Beardo para beneficio supongo de alguien en particular pero nadie en concreto. Ya nos encargamos de aclarar que modestamente, está página ha mantenido su prolija andadura lejos de cualquier influencia e interés, siendo una voz crítica de la actualidad diaria sin fijarnos en colores ni banderas, que algunos parecen empeñados en que enarbolemos. Si hoy volvemos a sacar a la palestra este tema, no obedece a nada más salvo que el tema nos resulta interesante para analizarlo más allá de la cotidiana actualidad que ya tiene analistas de sobra.

En fenómeno de Beardo nos ha llamado particularmente la atención por varios motivos. Uno de ellos es su presencia casi perenne en redes sociales y medios de comunicación. Sin quererlo ni buscarlo, ahí te lo encuentras. También contrasta su extraordinaria actividad con la casi nula actividad de campaña de sus posibles rivales. El bi partito en el gobierno considera que su aval más favorecedor es su legado, siendo un punto de apoyo bastante débil. Eso dará para otro análisis. El candidato de Ciudadanos es otra gran incógnita, así como Levantemos o VOX, de los que tampoco sabemos gran cosa. Triste panorama en el que parece que los partidos realizan un esfuerzo mínimo en estas próximas elecciones municipales, viviendo de las rentas de los méritos de sus organizaciones estatales. Entre todos sobresale Beardo, que insiste que no está de campaña pero lo cierto es que no ha dejado de estarlo desde el mismo día que lo presentaron como candidato a alcalde, siendo su asiento de concejal un trampolín para ese interés concreto.

En un escenario de cierta abulia política, algo que curiosamente siempre es coincidente con periodos de vigencia de gobierno de izquierdas, sobresale sin duda el caso de Germán Beardo, un político del Partido Popular que estaba cómodamente asentado en las trincheras de su partido y que nutría la maquinaria de funcionamiento interna. Un tipo bastante preparado y que brilla especialmente cuando se trata de contrastar datos y servir como ariete de defensa y ataque. Sin duda contribuyó en gran manera en el gobierno de su partido en la pasada legislatura aportando ese trabajo de campo tan necesario como también lo ha sido en esta legislatura sacando a relucir de manera contrastada las incongruencias y dislates del presente gobierno.

Hasta ahí, todo correcto. Pero llegaron las temidas renovaciones y relevos internos, que tanto suelen asustar a los partidos por el posible ruido que puedan ocasionar y los efectos en la opinión pública. Alfonso Candón ya estaba agotado como candidato, siendo percibido como un alcalde con demasiadas ocupaciones y con cargos a muchos km de distancia y que hacían que pudiera tener poca dedicación a las vicisitudes diarias en la ciudad. Era bastante complicado mantener la situación y con lógica y tiempo de por medio, el PP se embarcó en la difícil tarea de buscar un candidato y sólido que pudiera devolverles un ayuntamiento de tanta importancia como el del Puerto.

Ahí comenzó una pugna nada privada entre el aparato supramunicipal de partido, más volcados siempre en sus propios intereses que en otra cosa, y la federación local del mismo, con otras aspiraciones e intereses, no sé si en clave personal o de mayor identificación con los problemas endémicos de la ciudad. La lucha se saldó con varias dimisiones de históricos locales ante la imposición injustificada sin que la voz más interesada, como es la local, fuera ni siquiera escuchada. El aparato eligió a una solución intermedia pero que cogió por sorpresa a muchos, ya que Beardo no había sido precisamente una figura demasiado pública ni que contara con el conocimiento del ciudadano. Aquí la incógnita.

 En unos comienzos algo dubitativos, el candidato se lanzó, bajo mi punto de vista sin mucha planificación, a las garras de una precampaña con un tiempo excesivo de antelación con respecto a las elecciones municipales de este año, abordando la difícil tarea de darse a conocer de forma pública. Nadie conocía realmente a Beardo, y en estos meses el bombardeo casi asfixiante por tierra, mar y aire con su omnipresencia en medios, actos y cualquier nimiedad que surja, nos ha hecho conocerle personalmente mucho mejor, despejando la incógnita de quién es Beardo. Todo ello es fruto de una estudiada campaña diseñada específicamente por el propio partido y de la que Beardo presume y saca pecho. Esto tal vez le ha resultado frescura e independencia, pero tengo la impresión de que Beardo se siente más cómodo siguiendo un guion que escribiéndolo.

Esta desnaturalización de la identificación del ciudadano con el candidato gracias a una campaña diseñada en un laboratorio, puede que haya conseguido que repunte el conocimiento ciudadano sobre Beardo, pero ha cometido un pecado imperdonable, y es dejar pendientes un par de incógnitas mucho más interesante y necesarias: ¿Qué va a hacer y cómo va a hacerlo?

En ese tótum revolútum en el que ha convertido sus numerosos vídeos e intervenciones públicas, es imposible conocer ni concretar ninguna medida más allá de ideas difusas y compromisos personales que se asemejan a campañas con cierto aire rancio en la que los candidatos utilizaban su palabra como único garante. Y eso se acabó en los tiempos que corren, y creo que la principal equivocación que está cometiendo la candidatura de Beardo es la nula concreción salvo para visitar cada rincón de la ciudad y prometer soluciones no especificadas a cada problema planteado salvo dar la palabra personal de que cuando sea alcalde lo va a solucionar, con una evidente irresponsabilidad. ¿No han aprendido no solo que la gente no es tonta y ha sufrido ya esto en el pasado, y por lo tanto no se fía, sino que esa forma populista de ganarse los votos puede ser posiblemente pan para hoy pero hambre para mañana?

Aun defendiendo que esos contratos sociales, verbales y personales, fueran la base de su programa electoral, cosa que me parece un absoluto disparate, no he visto por ningún lado un plan económico detallado y serio, en el que se cuantifique de forma realista y pormenorizada como piensa desarrollarlo. Porque en varias ocasiones Beardo ha manifestado por ejemplo que su firme intención es bajar tasas e impuestos, así como facilitar mediante bonificaciones el desarrollo empresarial. Nada que objetar, todo lo contrario, pero no ha explicado por ejemplo como con esa caída de ingresos puede afrontar los gastos crecientes a los que se está comprometiendo. ¿Cómo piensa afrontar las incontables promesas ya realizadas y futuras sin incurrir en el mismo error que desde la oposición le han recordado al gobierno con denodado esfuerzo?

Beardo es una incógnita ya despejada, porque ya conocemos de sobra quien es Beardo como persona, pero no hay un atisbo de integridad argumentativa en ninguno de los discursos, salvo una retórica vacía que por desgracia se ha convertido en un clásico de la política. Ya sabemos que es un tipo estupendo que de repente se nos ha colado hasta en la sopa, pero lo que no conocemos son sus planes concretos de futuros, las medidas cuantificadas y respaldadas con presupuestos y datos. De eso por desgracia no se libra ningún candidato, en ese sentido es exactamente igual que el resto. Pero lo llamativo de la nebulosa de obviedades convertidas en eslogan con el que marea al posible votante sin un mínimo de profundidad que permita contrastar la viabilidad de su indescifrable proyecto, hace que a día de hoy la principal incógnita quede aún por despejar.

Este tema da para mucho y sin duda tendremos muchas ocasiones por delante para sacar más puntadas tanto de este como de otros asuntos. Reiteramos que aquí no se libra nadie, ni de lo malo pero tampoco de lo bueno, que por fuerza tiene que haberlo. No duden en que aquí seguiremos contando la actualidad desde nuestro siempre particular punto de vista.

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