24 Abr

Debate político.

El 26 de Septiembre de 1960 cambió para siempre la forma de hacer política y de presentarse ante los ciudadanos. Aquel día, un joven Kennedy debatía, por primera vez en la historia de forma televisada, con Richard Nixon. Nixon creía que lo tenía todo para ganar: dominaba la escena política, tenia experiencia y sabía comunicar. Y sin embargo, perdió las elecciones en ese mismo debate.

En aquellos momentos, las diferencias fueron notables: Nixon se presentó con un traje gris y sin maquillar, dando aspecto avejentado en la pantalla, recordemos que aún en banco y negro. Kennedy estaba radiante, con su traje oscuro, su bronceado y su maquillaje. Era la frescura, el saber estar en persona. Nadie recuerda qué se dijo, qué se debatió. Nadie recuerda que las encuestas decían que en televisión había arrasado Kennedy y en cambio, si se había seguido el debate por la radio, donde la imagen no tenía importancia, el claro vencedor era Nixon.

Imagen del plató, vacío como las propuestas de nuestros políticos.
El plató, vacío como las propuestas de los candidatos.

Hoy en día, la puesta en escena tiene más importancia aún. Los debates de una hora no tienen sentido. Nuestros políticos trabajan para responder a nuestros cambios en el consumo de información. Trabajan para ser carne de «memes». 30 segundos que destaquen sobre sus adversarios. Lo que ocurre es que desde 1960 el votante ha cambiado, ha mutado. Ya no necesitamos propuestas sólidas, ni explicaciones, ya no sirve la apariencia, el dar bien en cámara. Porque nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra forma de consumir el ocio, han derivado a la crispación, al chascarrillo.

Y eso es un debate a cuatro: una lucha encarnizada por el zapping del día siguiente, por ser el dominador de los memes. ¿propuestas? ¿debate serio? Ni estaban, ni se las esperaba.

02 Abr

Política, lugares comunes.

Se acercan las elecciones y como cada legislatura, se repiten los rituales en todos los partidos, nuevos y antiguos. Se escenifican las rupturas de los pactos que hasta ayer eran válidos, con motivos más o menos justificados, todos los partidos que se han mantenido en silencio comienzan a denunciar la parálisis del gobierno, siguen con los videos vacuos, las promesas vacías, intentando arañar un voto. De pronto se acuerdan de las barriadas, aparecen con sus palmeros para reunirse con vecinos hartos de promesas, sonríen a cámara, se marchan…

El Puerto, visto desde donde todo problema parece pequeño.
El Puerto, visto desde donde todo problema parece pequeño.

Y así va El Puerto. Así va España, de hecho. Va de promesa vacía en promesa vacía hasta pisar la alfombra, va aburriendo a los ciudadanos, que cada día se sienten más despegados de sus «representantes», incapaces de transmitir nada, de gestionar nada, de solucionar nada. Porque no importa quién gane las elecciones, probablemente el que más lugares comunes pise, porque El Puerto seguirá anquilosado, atrapado por su historia, inmovilizado por su burocracia, por sus «planes» gestionados desde un despacho carente de sentido común, seguirá sin suelo industrial, seguirá convirtiéndose en un dormitorio de las ciudades de alrededor, seguirá desangrando el comercio local…

Y por eso apelo a nuestros polítcos, a todos, de todo color y partido, para que se sienten juntos y pongan en marcha un plan entre todos, un plan que tenga continuidad en el tiempo, los próximos 20 años, un plan que no desmonten los siguientes en entrar en el Gobierno, un plan que piense en el ciudadano, que nos convierta en un referente, que agrupe el suelo industrial, que aligere nuestras deudas, que mejore el transporte público, que peatonalice el centro, que nos permita vivir El Puerto, que lo mantenga limpio, más allá de todo interés partidista.

Claro que, a lo mejor, visto lo visto, es demasiado pedir a nuestros representantes.

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